La desaparición de los bosques del norte de África

Este título es reflejo de una dramática realidad que viene siendo anunciada desde principios del siglo XX. Son numerosas las publicaciones desde hace más de 100 años que advierten de la severa deforestación en Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. Las causas, siempre humanas. Las talas indiscriminadas (para construcción pero también para el fuego doméstico), la extracción de taninos (que afectó principalmente a los alcornocales), del tar o gatran (que afecta tanto a las tuyas como a otras especies por la enorme cantidad de leña necesaria para extraerlo), el carboneo, el sobrepastoreo (que además de eliminar grandes cantidades de arbustos y jóvenes árboles, ralentiza o impide la regeneración de la cubierta vegetal) y la roturación de bosques más o menos densos, matorrales y pastos, para la agricultura. A todas estas causas, desde mediados del siglo XX se une otra más, la urbanización y sus infraestructuras.

Los bosques del norte de África son el mejor medio de lucha para frenar el avance del desierto del Sahara hacia el norte. Los bosques crean suelo fértil, frescor y humedad, favorecen a la biodiversidad y secuestran carbono. Su traspiración favorece la aparición de lluvias y estas son imprescindibles para el abastecimiento humano, la agricultura, la ganadería, la industria y otros sectores económicos.

La conservación de los bosques debe ser una prioridad nacional en los países del norte de África. Pero lamentablemente no siempre ha sido así, los datos son contundentes. Veamos el ejemplo de algunos países basándonos en las estimas de superficie forestal potencial histórica contrastada con los datos de los últimos Inventarios Forestales Nacionales (IFN) de cada país. Empecemos con Marruecos, el país con mayor diversidad forestal.

Los datos de la Tabla 1 pueden ser todos matizados, especialmente los de las áreas potenciales que dieron Emberger (1939) y Boudy (1948). Probablemente nunca hubiera tanto bosque en Marruecos a mediados del Holoceno pero, en cualquier caso, expresan una aproximación. En el caso de Pinus halepensis las pérdidas no han sido mayores debido a las plantaciones que con más o menos éxito se han realizado desde mediados del siglo XX. Las áreas de cada periodo deben entenderse como zonas en las que aparece la especie, que no son siempre bosques. En muchos casos los árboles están muy separados entre ellos, con fracción cabida cubierta por debajo del 20%. Con densidades tan bajas y suelos con frecuencia desnudos y compactados, que sobrevivan algunos árboles dispersos no motiva que a esa zona pueda denominársele bosque. Así, a pesar de los casi 4.000.000 ha que según se deduce de la tabla 1 persisten de superficie arbolada natural en Marruecos, la realidad es que solo 1.100.000 ha pueden ser consideradas más o menos como bosque autóctono. En algunas publicaciones recientes se presentan 9.630.000 ha forestales, pero aquí se incluyen las áreas totales naturales, más o menos densas, más las plantaciones de especies no nativas, más las estepas con esparto.

En la tabla 1 no se han incluido los viejos y extensos bosques de almácigo (Pistacia atlántica), hoy desaparecidos, ni las formaciones de acacias, antes mucho más densas, dominadas por árboles del género Vachelia, con Faidherbia albida, Maerua crassifolia, Balanites aegyptiaca y otros. Tampoco se han contabilizado las formaciones riparias y de oasis, con árboles de los géneros Populus, Fraxinus, Salix, Phoenix, Tamarix, etc. Es decir, que la superficie forestal potencial total en Marruecos podría rondar, en datos muy redondos, los 25.000.000 ha, a mediados del Holoceno. Desde entonces, la población local y las sucesivas civilizaciones que han ido asentándose en el país hasta la actualidad, podrían haber eliminado 24.000.000 ha de bosques más o menos densos.

En el caso de Argelia, la evolución de la superficie ocupada por bosques sigue un proceso parecido al de Marruecos, Véanse en la Tabla 2 las pérdidas sobre los principales tipos forestales. En el caso de Pinus halepensis las pérdidas no han sido mayores debido a las plantaciones que con más o menos éxito se han realizado desde mediados del siglo XX. No han sido tenidas en cuenta en la suma de la media del porcentaje.

Como en la tabla anterior, también en esta faltan algunos tipos de bosque (Abies numidica, Juniperus thurifera, Quercus faginea, Q. canariensis, bosques riparios, bosques y sabanas de acacias, etc). Teniéndolos en cuenta, la superficie forestal perdida total puede situarse en al menos 5.000.000 de ha.

Los datos en Túnez, Libia y Egipto muestran tendencias similares. En Túnez se estima que hace unos 2.000 años había una superficie forestal en torno a las 3.000.000 ha. A principios del siglo XX, 1.250.000 ha (una superficie aún muy considerable). Pero tras las grandes roturaciones del siglo XX, del bosque natural, del realmente valioso, ahora solo quedan unas 368.000 ha (II IFN, 2010).

En Egipto no hay bosques pero en tiempos históricos, en gran parte de lo que hoy es desierto, sí hubo extensas sabanas a veces tan densas que bien podrían considerarse bosques, así como extensos y frondosos bosques riparios en las vegas del río Nilo y en gran parte de su delta. Hoy los datos sobre el estado de conservación de sus otrora abundantes árboles autóctonos son impactantes. De las 52 especies autóctonas que esencialmente existen en el país, 31 han sido evaluadas por Shalthout & Bedair (2022), siguiendo los criterios de la UICN, como en peligro de extinción. De estas, 10 están críticamente amenazadas, 16 amenazadas y 5 vulnerables.

El resto de países mediterráneos también sufrieron procesos similares, pero en los europeos la deforestación a gran escala terminó hace unos 60 años. Desde entonces la superficie forestal aumenta continuamente, tanto por la regeneración de los bosques naturales (debido al  abandono del medio rural) como por los sucesivos proyectos de reforestación. La superficie forestal en España ha aumentado más del 50%, y especies forestales (de flora y fauna) que estaban al borde de la extinción, se están recuperando. Pero no todo se debe al abandono y a la gestión forestal, también en España, Francia, Italia o Grecia, de media, llueve más que en los países del Magreb. Esto implica, entre otros beneficios, una más rápida y eficiente resiliencia tras los incendios forestales. Por tanto, en los países del norte de África, más secos, hay que extremar las medidas de conservación de los bosques naturales que aún sobreviven, pues lo que se pierde, con frecuencia, puede ser para siempre.

En el norte de África los recursos son finitos, como en el resto del planeta, pero en zonas con grave riesgo de desertificación el problema es particularmente serio, máxime cuando la región está experimentando una auténtica explosión demográfica desde mediados del siglo XX. La población de los 5 países mediterráneos del norte de África ha pasado de unos 50.000.000 de habitantes en 1955, a unos 225.000.000 en 2026 (Worldometer, 2026). Es decir, ha multiplicado su población por más de 4 en solo 70 años. Esto implica una necesidad cada vez mayor de tierras agrícolas y de una explotación cada vez más intensiva. Consecuentemente, tras la deforestación y una agricultura intensiva, la fertilidad del suelo y los recursos hídricos suelen disminuir, lo que es poco deseable con el enorme aumento de las necesidades de la creciente población

Tras la roturación de tierras con fines agrícolas, el sobrepastoreo fue siempre el mayor problema ambiental de la región (consumo excesivo de vegetación, eliminación del regenerado, compactación del suelo, aumento de la desertificación), pero lejos de minimizar este viejo y grave problema, las cabañas ganaderas siguen creciendo, incluso se han duplicado en solo 20 años. Véase un ejemplo en la tabla 3, más o menos extrapolable a otras muchas zonas de los países norteafricanos.

D.P.S.B de Naama, 2000 a 2020. Monografías de la Wilaya de Nâama

Ante la creciente y cada vez más preocupante desertificación, una de las respuestas es la reforestación. Son numerosos los planes y programas ejecutados en las últimas décadas. A destacar la gran Barrera Verde del Sahara, en Argelia. Pero el éxito de estas plantaciones es relativo, por diversos motivos. Por otro lado, en ocasiones las especies elegidas no son precisamente las más adecuadas y un buen ejemplo de ello es el bosque de La Mamora, en Marruecos. Este espectacular alcornocal ha pasado de sus 300.000 ha originales a unas 131.000 ha en la actualidad, pero de estas últimas, más de la mitad han sido plantadas con eucaliptos y otra porción ha sido deforestada, de forma que ya solo quedan unas 50.000 ha del valioso alcornocal.

La preocupación por la desaparición de los bosques, la última barrera ante una desertificación generalizada, es constante, siempre hubo personas y administraciones que procuraron trabajar y legislar para frenar el proceso deforestador. Recientemente (en 2022), en Marruecos, el Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESE), organizó una encuesta en redes sociales sobre el estado de los bosques en el país, a través de su plataforma “Oucheriko”. Participaron casi 100.000 personas, en un solo mes, todo un éxito de participación. El 84% de los encuestados se mostró preocupado por el mal estado de los bosques.

Achbah, et al. 2025, han revisado el corpus legislativo marroquí sobre política forestal, desde las normas y derechos de uso tradicionales hasta el siglo XXI. Muestran el interés y preocupación que siempre ha habido por la conservación de los bosques pero la realidad es tozuda y la deforestación continúa.

Según datos del CESE (2022) en su informe “Los ecosistemas forestales de Marruecos”, la degradación de los bosques continua a un ritmo de 17.000 ha anuales.

Los últimos grandes intentos legislativos (que hay que elogiar) para frenar la degradación forestal y el avance del desierto en Marruecos, se produjeron en 2020. El Rey Mohamed VI presentó la estrategia “Bosques de Marruecos 2020-2030”, de cuyo desarrollo se encarga la recién creada (2020) Agencia Nacional de Aguas y Bosques (ANEF). El objetivo, establecer un sector forestal moderno, productivo y resiliente.

Es momento de que todos los países emprendan una lucha titánica para recuperar superficie forestal, preferiblemente bosques autóctonos, y frenar el avance de la desertificación. No será fácil, ni rápido, incluso puede ser ya demasiado tarde si antes no se revierte, o al menos se frene, el cambio climático que también el hombre ha provocado.

7 años de sequía (2019-2025) han hecho fracasar numerosos intentos de restauración forestal (regeneración natural y plantaciones), además de arruinar a amplios sectores de población dependientes de la agricultura y la ganadería. Los bosques están colapsando, se están perdiendo, miles de ha, aún sin cuantificar, pero en una tendencia creciente y  a un ritmo cada vez más acelerado.

En febrero de 2025 este era el aspecto que presentaban buena parte de los bosques de tuyas del SE de Essauira (Marruecos). Además de la pérdida casi total del follaje debido a una sequía que duraba ya 6 años, obsérvese el suelo desnudo y compactado por el sobrepastoreo. Las tuyas están bien adaptadas a la sequía y al pastoreo pero, cuando estos son excesivos, muchos árboles acaban secándose. El colapso de los bosques del norte de África será una tragedia de consecuencias impredecibles. Foto Helios Sainz.

En los primeros meses de 2026 la sequía puede darse por terminada pero la alegría se ha visto trágicamente empañada. El fin de la sequía se ha producido con unas históricas inundaciones que, además de provocar varias decenas de muertes, han obligado a desplazar a casi 200.000 personas en los países del Magreb y otros países de Europa occidental. Al sur ha sido aún peor. En el Sahel, las intensas lluvias han provocado al menos medio millar de muertes y más de 2.000.000 de damnificados. Según todos los pronósticos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), este tipo de grandes inundaciones serán cada vez más frecuentes a medida que los océanos del planeta se calientan. Intensas y largas olas de calor, cada vez más frecuentes, que superan los 45º, son el reflejo de un cambio climático que ya está provocando grandes desastres ambientales por todo el norte de África. Las sequías serán cada vez más largas e intensas y, cuando llueva, la esperada lluvia podrá venir de forma torrencial y dramática.

Muy cerca de la zona de la fotografía anterior, al SE de Essauira, este es el aspecto que presentaban algunos bosques de arganes también en febrero de 2025. Igualmente árboles secos debido a un acusado déficit hídrico por la sequía de 2019-2025, agravado por la compactación de suelos producida por el sobrepastoreo. El decaimiento forestal, cada vez más común en todos los países mediterráneos, resulta particularmente grave cuando se trata de formaciones forestales monoespecíficas. Foto Helios Sainz.

Ya no sirven los modelos “clásicos” de restauración forestal, seguirlos sería enlazar un fracaso tras otro. Lo prioritario es proteger, como auténticos tesoros, a los últimos boques autóctonos, prohibir o minimizar al máximo en todos ellos las actividades extractivas, y el pastoreo, para favorecer la regeneración, de suelos, flora y fauna. Tarea ingrata para un gobernante eso de prohibir y hacerlo cumplir, pero en este caso puede ser vital para muchos países secos. No obstante ganadería si, por supuesto, distribuida principalmente por los mejores campos agrícolas. La agricultura regenerativa y el pastoreo rotativo a desarrollar aquí, podrían ser ya la única solución a largo plazo para el sector agropecuario.

Con éxitos y fracasos también se está aprendiendo mucho sobre reforestación en estos tiempos de incertidumbre. Sin olvidar que lo prioritario es proteger al máximo la poca superficie forestal natural que queda, la reforestación debería realizarse siempre con especies autóctonas, contando con la colaboración de la población local y teniendo en cuenta las tendencias del cambio climático. Un cambio que se está acelerando, que está yendo ya más rápido de lo que pronosticaban los modelos, y que obliga a tomas de decisiones rápidas y eficaces.

Habrá que asumir en las próximas décadas la desaparición de millones de árboles y arbustos autóctonos en sus actuales áreas naturales del norte de África por déficit hídrico pero eso, bien gestionado, no significará necesariamente pérdida de bosques. Las especies se irán desplazando hacia áreas más óptimas, hacia latitudes y altitudes más altas, el espacio que dejan libre podría ser ocupado por otras con menos necesidades hídricas. Abetales y cedrales podrán ser sustituidos progresivamente, en gran parte, por quejigares. Los actuales quejigares, por encinares y, los encinares, por acebuchales. Las 3 especies de pinos se irán redistribuyendo según su capacidad de colonizar nuevos espacios. Donde ya ni acebuches, ni pinos, ni tuyas puedan vivir, arganes y almácigos ocuparán su lugar y, las áreas de estos últimos, cuando en ellas ya apenas puedan sobrevivir por las intensas y largas sequías, podrán ser dominadas por bosques y sabanas de acacias. Así, los bosques naturales, aunque con numerosos cambios en su composición y estructura, podrán permanecer, dando a los países del norte de África, todos sus beneficios.

Achbah, M., Khattabi, A. & Boumaaza, T. (2025). Évolution de la politique forestière au Maroc : vers une gestion durable et participative des ressources forestières. Rev. For. Fr., 76, 3-2025: 217-241.

Boudy P. (1948-1958). Economie forestière nord-africaine. Larose. Paris. 4 Vols.

Emberger L. (1939). Aperçu général sur la végétation du Maroc. Commentaire de la carte phytogéographique du Maroc 1:1 500 000. Veröft. Geobot. Ist. Rübel. Zürich 14: 40-157.

IFN (Inventario Forestal Nacional) de Marruecos. De 1996 pero basado en imágenes satélite de 1988 y del que se han realizado revisiones y precisiones parciales posteriores.

Metro A. (1958) Fôrets. Carte fôrestiere in Atlas du Maroc. sect. VI. Biogéogr. planche 19a et notice. Rabat. 157 pp.

Shaltout, K. & Bedair, H. (2022). Diversity, distribution and regional conservation status of the Egyptian tree flora. Afr. J. Ecol. 2022; 00:1-29.

Worldometer (2026). Población mundial. Elabora con datos y modelos basados en la información de las Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población. https://www.worldometers.info/es/poblacion-mundial/poblacion-(país).

 

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