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Quercus rotundifolia Lam.

Quercus ilex auct., incl. Q. ilex L. subsp. ballota (Desf.) Samp.

Esp.: Encina, carrasca.   Fra.: Chêne vert, yeuse.   Ing.: Holm oak, holly oak.   Ara.: Ballut lakhdar, kherkhach.   Tam.: Kerruch, tassaft, tasafet, acherit, uchlef, akhlij, ahlidj, aharch, akerruch, adem, adema, asaf, uasaj, iten, abellutt, azidhan, abuhu, adren, taswklet, abedjud, kechrid.

Árbol perennifolio, monoico, robusto, de hasta 25 m de altura e incluso más, pero que generalmente no supera los 20 m, con porte ovoideo o redondeado. El tronco es derecho o algo tortuoso, de hasta 2 m de diámetro, con corteza dura, pardo-cenicienta, que se resquebraja en grietas. Ramas erguidas en el bosque denso; extendidas y horizontales en zonas aclaradas. Ramillas densamente blanquecino-tomentosas. Hojas [2-8(12) × 1-4(6) cm)], alternas, perennes, de forma y margen muy variable -suelen ser de orbiculares a oblongo-lanceoladas con el margen más o menos dentado, a veces entero-, coriáceas, de color verde oscuro más o menos brillante por el haz y blanquecino-tomentosas por el envés, con pecíolo tomentoso de 1-10 mm. Flores masculinas en amentos muy numerosos, amarillos y colgantes, de 2,5 a 8 cm. Flores femeninas solitarias o agrupadas de 2 a 7, erguidas sobre la axila de las hojas. El fruto, la bellota, es un aquenio de ovoide a largamente elipsoideo de 15-35(40) × 8-18 mm, con envoltura castaño-negruzca y cúpula con escamas ovadas u ovado-oblongas, imbricadas y más o menos aplicadas.

Floración:

abril-mayo.

 

Fructificación:

octubre-diciembre.

Hábitat:

Todo tipo de terrenos, desde casi el nivel del mar hasta la alta montaña (su límite superior lo alcanza en el Alto-Atlas central, a unos 2900 m), en bioclima de semiárido a húmedo, pisos termomediterráneo a supramediterráneo.

Distribución:

Región mediterránea occidental. En el N de África, aparece en casi todas las áreas de clima mediterráneo de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia (macizo del Akhdar), desde el Mediterráneo al Atlas Sahariano y el Anti-Atlas (inclusive), parece faltar por completo, al menos actualmente, en las altas mesetas esteparias argelo-marroquís situadas entre el Atlas Telliano y el Atlas Sahariano. Su límite meridional se encuentra en las montañas de Ifni (SO de Marruecos).

Observaciones:

La gran variabilidad morfológica de esta especie ha dado lugar a diferentes opiniones sobre su independencia de Quercus ilex L., considerándola, en muchos casos, subordinada a esta como subespecie. En todo caso, parece actualmente aceptado que Q. ilex, más mesófila, no está presente en el N de África. Q. ilex tiene hojas con 7-14 pares de nervios secundarios, pecíolo de hasta 10 mm y bellotas más o menos amargas, con cúpula de 7-10 × 10-15 mm, mientras que Q. rotundifolia presenta 5-8 pares de nervios secundarios, pecíolo más corto de 6-8 mm, y bellotas más dulces de forma general (las más dulces y comestibles del género), con cúpula más grande (9-14 × 14-20 mm).

Sin duda se trata de la especie de mayor valor forestal del N de África. Este gran valor es de carácter ecológico y económico. Ecológico, pues se trata de una especie colonizadora de amplias áreas donde otros árboles tendrían problemas para prosperar; por el excelente suelo, de gran riqueza biológica que crea por descomposición de las hojas, frutos y madera; y finalmente por la producción de unas hojas y frutos de alto poder nutritivo, que mantienen una amplia y diversificada comunidad de especies animales. El valor económico ha estribado siempre en la extraordinaria calidad de su madera, dura y resistente a la putrefacción, empleada masivamente desde tiempos históricos para el fuego doméstico y hacer carbón. El follaje y las bellotas, así como los pastos que se producen en losencinares, han sido siempre muy apreciados y explotados por la ganadería. El encinar acoge también a diversas especies de gran valor cinegético, por lo que se puede concluir diciendo que ha sido el encinar, durante milenios, el principal abastecedor de recursos alimenticios y energéticos del N de África.

No obstante, el principal valor de los encinares es el papel fundamental que poseen en la creación y retención de suelo y humedad, constituyendo una de las más eficaces herramientas de lucha contra la erosión y la desertificación al norte del Sahara.

La repoblación forestal puede efectuarse perfectamente todavía en gran parte de las extensas zonas de su área potencial, hoy deforestadas y amenazadas por la erosión. Sin embargo, allí donde las condiciones de sequía y/o falta de suelo ya no permiten el éxito de una repoblación directa, tradicional, ésta puede lograrse bien, a medio y largo plazo. Para lograrlo se usará semilla autóctona, adecuadas técnicas de preparación puntual del terreno (sin surcos, ni terrazas, ni disposición alineada, ni eliminación de la vegetación natural preexistente), protección de las plántulas con tubos opacos para protegerlas de las heladas invernales, la alta insolación estival, la sequía y los pequeños herbívoros, tubos que se cambiarán por otros mayores cada 2-3 años para que el árbol crezca rápidamente hacia arriba. Todo ello completado con reposición de marras y 2 pequeños riegos de apoyo en verano durante los 5 primeros años. En torno a los 10 años o cuando ovejas, cabras y otros ungulados ya no alcancen a comer más que las hojas del ¼ inferior, se retiran definitivamente los tubos. Estéticamente el paisaje lleno de tubos, cada vez mayores (los de los últimos años de unos 50 x 200 cm), no será muy atractivo pero lo que antes eran zonas de matorral o esteparias volverán a ser un incipiente encinar en solo unos 10 años.

Estado de conservación:

Especie común y de amplia distribución, no se considera amenazada. Actualmente, no está evaluada a nivel global en la Lista Roja de Especies de la UICN.

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